viernes, 27 de noviembre de 2009

El equipo en la vida diaria (Parte II)


Por fin habíamos encontramos piso. No muy elegante, pero con las características suficientes para convencernos de pagar lo equivalente a rentar una mansión en México. La primera noche que pasamos en nuestro nuevo piso fue muy divertida, cada quien en su cuarto, arreglando su ropa, acomodando el closet, la cama, las mesas de noche, el escritorio, platicando entre nosotros, la botella de vino, las cervezas, escuchando música a nuestro antojo y sin el miedo de despertar a los familiares de Majadahonda.

Al día siguiente tuvimos el primer día de clase, conocimos a los estudiantes del master, a los coordinadores y a los maestros. Fue una mañana muy relajada, lo que dejó de ser en el momento que pusimos un pie en el piso después de clase. Al llegar al piso, queríamos comer, pero obviamente no habíamos ido al supermercado, por lo que no teníamos nada que comer, el piso estaba sucio y no sabíamos utilizar prácticamente ningún aparato de la cocina o del piso en general. Ahí empezaron las discusiones, las culpas, los gritos y casi los golpes. Fue en ese momento que pensamos, ¿en que nos hemos metido?, ¿Cómo vamos a comer, a lavar, a dormir, a cocinar?

Entonces decidimos hablar al respecto y organizarnos de tal manera que lográramos resolver aquellos problemas de la mejor manera. Pero lo primero y más importante antes de dividirnos las tareas, era la comida. Lo primero, hacer un “menú” de posibles comidas, fáciles de preparar, y difíciles de hacer saber mal. Habiendo definido esto decidimos ir al supermercado los tres, pues sería así más fácil y rápido, y todos participaríamos en la selección de los componentes de nuestro menú. Ahora si, nos podíamos dividir las tareas primordiales de la casa. Uno se quedó con la tarea de cocinar, o al menos intentar cocinar. Al segundó le tocó asistir al cocinero en lo que se pudiera con el fin de ayudar a que la comida sepa mejor, desde sugerir ideas para hacer las comidas hasta sacar y meter ollas, ingredientes y a l vez es el encargado de lavar los platos al terminar de comer. Al tercero le tocó la limpieza de las áreas comunes, el baño, el salón y la cocina.

Como es obvio, al principio la comida sabía “diferente”, los platos no se veían “tan limpios”, y las áreas comunes estaban siempre “un poco sucias”. Claro que, a fin de cuentas se llevaban a cabo todas las tareas necesarias para poder vivir a gusto en el piso. Además, con el tiempo, la práctica, la ayuda y apoyo de los demás, cada uno se volvió mejor en lo que hacía, y cada día que pasaba, la comida sabía un poco mejor, los platos estaba un poco mas limpios y las áreas comunes un poco menos sucias. Al día de hoy, puedo decir que hacemos un excelente equipo de vida. Cada uno sabe exactamente lo que tiene que hacer, y lo que los otros tienen que hacer, y ya no dudamos de la capacidad que cada uno tiene para hacer sus tareas bien hechas. Claro que siguen habiendo las discusiones ocasionales y los pleitos, pero basta con sentarnos a hablar de ello, apoyarnos y buscar soluciones para arreglar los problemas.

Es ahora cuando me doy cuenta de la importancia que tienen los equipos. Me doy cuenta que un equipo exitoso, no es solo aquel que consigue sus objetivos, sino aquel que consigue sus objetivos y a la vez logra que cada integrante del equipo se sienta a gusto, con apoyo y motivado para seguir mejorando cada vez más. Los problemas siempre van a existir, pero basta con tener la disposición de hablar y escuchar a los demás para poder resolverlos. Hasta hoy puedo decir que esta experiencia ha sido una de las mejores de mi vida, y espero que así continúe por el resto del año.

domingo, 1 de noviembre de 2009

El equipo en la vida diaria ( Parte I )

Salí de mi ciudad, Mérida, Yucatán, México el 30 de Septiembre a las 4:00 de la tarde con dos amigos de aquellos que conoces desde que estás en pañales. Estudié con ellos la preparatoria y la universidad, y siempre habíamos sido “equipo” para todas las tareas y trabajos de clase, pero no entendí el significado real de equipo hasta que llegamos a Madrid el día primero de Octubre después de casi 24 horas de viaje, a las 9:00 de la noche. Desde ese momento entendí, que ser equipo no es solo dividirnos los temas de un trabajo o separar las partes de una exposición, sino que es mucho más.

Debido a la cantidad de maletas que traíamos fue necesario dividirnos para agarrar dos taxis, y dirigirnos a casa de unos familiares en Majadahonda, un lugar en el que nunca habíamos estado, el cuál la mayoría de taxistas no conoce, con tan solo un papel con la dirección escrita en el. Ahí, nos prestaron un cuarto individual, en el que nos metimos los tres, con una cama y dos colchones. El método de selección de las camas y colchones fue el tan conocido método del primero que entró y la vio la agarró.

La búsqueda de un piso para rentar fue complicado pero por primera vez desde que nos bajamos del avión, nos pusimos de acuerdo en algo, decidimos que sería mas fácil si nos dividíamos la búsqueda, de este modo uno buscaba los pisos por Internet, otro localizaba su ubicación y manera de llegar en un mapa y el otro apuntaba los datos relevantes del piso y la información del arrendador para llamar por teléfono y hacer las citas necesarias. Para llegar a las citas, teníamos que tomar un camión o un tren de cercanías y luego el metro, lo que nos tomaba más de una hora.

A los cinco días de haber comenzado la búsqueda de piso, después de habernos perdido y caminado por Majadahonda por mas de dos horas por bajarnos en una parada equivocada, de haber sido estafados por varios camioneros, regañados por señoras en el metro, e ignorados por varias personas al pedir direcciones, por fin encontramos piso, uno que nos pareció lo suficientemente cómodo para vivir nueve meses. Obviamente tuvimos problemas entre nosotros, malos entendidos por ideas diferentes como el tipo de piso que quería cada uno, de las camas en las que dormimos en Majadahonda, de lo que queríamos comer, en fin, discusiones sin sentido de todo tipo, pero ya no importaba, ¡lo habíamos logrado, ya teníamos piso! En ese momento creímos que nuestros problemas habían terminado, ya con el piso rentado, viviendo solos, fuera de la casa de los familiares y con casi un año por delante en Europa, ¿que más podíamos pedir?, pero que equivocados estábamos, esto a penas comenzaba, y no solo eso, se iba a poner mucho más difícil de lo que imaginábamos y nos terminaríamos convirtiendo en un “equipo de vida”, lo quisiéramos o no.

Ahora entiendo que un equipo es más que un grupo de personas que se juntan por alguna razón, como un viaje de estudios, sino que es necesario comprendernos los unos a los otros, respetar las ideas de los demás y trabajar como un todo, complementando nuestras capacidades para lograr un fin común. Hasta este punto habíamos logrado entendernos y comprender los objetivos que tuvimos en esos momentos, pero aun nos faltaba más, lo que lograríamos conseguir después de casi un mes de vivir juntos.